LO QUE NUNCA TE HAN CONTADO SOBRE EL SISTEMA QUE NOS GOBIERNA.

El Sistema que hoy nos gobierna, en lo que atañe su estructura (de la propiedad, del derecho, del dinero y de la política), nace el 18 de noviembre de 1302, fecha en la cual fue publicada por el Papa Bonifacio VIII la Bula “UNAM SANCTAM ECCLESIAM”.

En esta Bula, Bonifacio VIII afirma que Dios habría otorgado a la Iglesia de Roma todos los títulos y propiedades de la tierra.

Podría pensarse que tal aseveración es un disparate que debería ser ignorado, pero no puede serlo cuando proviene de un poder que no ha dejado de ser omnímodo, universal y, sobre todo, extremadamente paciente. Los ejemplos son tantos que me limitaré a recordar que cuando un fatuo Stalin preguntó “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”, no podía ni imaginar que menos de cinco décadas después de su “boutade” un Papa polaco, colaborador del poder USA, contribuiría  decisivamente al derrumbe del imperio soviético. Y en el Medievo, antes de la reforma protestante y de la ruptura espiritual de Europa, el Poder del Papa, incluso en el orden temporal, con su soberanía sobre los Estados Pontificios, era indudable. Todos los poderes de Occidente le rendían abierta pleitesía. Tal vez solo ha cambiado el modo de hacerlo …

Siendo el Estado Vaticano el heredero de los Estados Pontificios, sería también el dueño de cuantos bienes y propiedades existen en el mundo. Ignorar esta pretensión no la anula, puesto que solo cabe negarla.

De hecho, el Código de Derecho Canónico afirma que “Cualquier afirmación, si no viene respondida, és valida”. Es decir, el principio del silencio administrativo es aplicado por la Iglesia al revés de como se formula en el derecho positivo: es el particular quien debe pronunciarse acerca de las pretensiones del poder religioso, pues de no hacerlo las acepta. En otras palabras, “el que calla, otorga”. Ignorar la pretensión del Papa Bonifacio VIII confirma la validez de la misma.

Es como cuando recibes una multa o una sanción, te citan mediante una orden judicial, y no compareces a juicio. Este hecho se traduce en que el Estado decide por ti y sin ti, tal y como sucedía en el sacramento de la confesión católica durante la inquisición.

En base al Código de Derecho Canónico, la afirmación de Bonifacio VIII, que nunca fue refutada, sigue siendo válida. Por esta causa, el Vaticano nombra al ejecutor, al administrador y al beneficiario de este sistema.

El ejecutor es la Orden de los Franciscanos conjuntamente con la Orden de los Jesuitas, el administrador es el Papa y los “beneficiarios” son todos los seres humanos del mundo, siempre, claro, que los poderes establecidos no les exijan la entrega de la parte de los bienes de que están disfrutando que quieran. En otro tiempo era el “diezmo”. Hoy son los impuestos, que pueden elevarse a incautaciones abusivas, “corralitos” o directamente la confiscación del dinero de los banco. Lo hemos visto en Chipre, y puede volver a suceder. De hecho, si te quitaran el dinero que tienes en el banco no te estarían quitando nada tuyo. Solo eres “usuario” de una riqueza que no te pertenece. Como no te pertenecen tu casa, tus tierras ni otras propiedades.

“Redde Caesari, quae sunt Caesaris, et quae sunt Dei, Deo”: Dad al César lo que es del César …, dice el Evangelio (Mateo 22, 21). Y la interpretación vaticana no puede ser más literal: el heredero del emperador romano es el Papa, quien incluso ha heredado el título de Pontificex Maximun que ostentaba aquél.

En la práctica y en otros términos, la bula papal de 1302 se sirve del “derecho marítimo” que consta en la Biblia, afirmando que la Unam Sanctam Ecclesiam ( primera y única Santa Iglesia) es el Arca de Noé, porque mientras todo estaba por debajo de las aguas, la unica cosa que permanecía a flote por encima del agua era el Arca. Desde aquel día fue certificado por la Biblia que todas las personas, hasta el dia en que reclamen sus derechos, son “dispersas en la mar”. En otras palabras, son mercancías. Por eso somos objeto de comercio, somos inscritos en registros, se nos exigen certificados, etc.

La ley del mar ha sustituido al derecho natural que nos convierte en personas. E ignorando esta circunstancia, nunca podremos recuperar nuestra libertad.

No acaba ahí la maquiavélica conspiración: en 1455, 150 años después de la bula de Bonifacio VIII, es redactada por el Papa Nicolás V una segunda bula de naturaleza testamentaria llamada “ROMANUS PONTIFEX”, que determina que: el Papa dispone, al momento de su muerte y de la muerte de los futuros Papas, cómo debe funcionar el derecho utilitario de todos los privilegios y propiedades que constan en la bula de Bonifacio VIII. Testamento del cual el ejecutor es la Curia Romana, el administrador es el Colegio de los Cardenales y el beneficiario sobre la tierra (cuya propiedad es del Papa) es el Rey (en dos palabras, Dios habría otorgado al Papa todo lo que existe en el mundo y al Papa la facultad de conceder a los Reyes “trozos” de este mundo).

Desde aquél momento, los Reyes de la Tierra ostentan un “mandato divino” (“A Deo rex, a rege lex”).

Treinta años después, en 1481, viene redactada la tercera Bula por el Papa Sixto IV, llamada ” AETERNIS REGIS CLEMENTIA” que se diferencia en poco de la bula anterior, matizando que los bienes concedidos a los Reyes no son solo la tierra (el territorio), sino todos los seres que habitan en ella, lo cual, por otra parte, lo único que hace es transferir al soberano la propiedad sobre seres humanos que antes ostentaba el señor feudal.

Estas Bulas no se han hecho públicas en su forma original porque hasta el siglo XVIII el Vaticano no escribía las bulas sobre papel (lo consideraba un medio carente de vida y por tanto de valor), otorgándose validez oficial solo a los documentos escritos sobre material viviente, pergaminos de piel humana. Las bulas fueron escritas y firmadas con sangre sobre pergaminos de piel de niños. El libre acceso a los documentos guardados en los ultra-secretos Archivos Vaticanos demostraría la verdad de tan espantosa afirmación, pero dicho acceso es imposible para el lego.

En 1933 las Naciones se transforman en Sociedades del Derecho Privado registradas en la SEC ( Security Exchange Commission) con sede en Washington D.C.

Estas sociedades de derecho privado llamadas Naciones aparentemente públicas (pero en realidad privadas) poseen al día de hoy el DERECHO DE PROPIEDAD sobre las personas nacidas en cada Estado, y ello es así decidido en base a las 3 Bulas papales.

Somos una Compañía Privada y el Estado posee el derecho de propiedad de todas las personas nacidas sobre su territorio. De hecho, cuando unos padres inscriben a su hijo en el Registro Civil están reconociendo jurídicamente la propiedad del Estado sobre el neonato. ¿Cabe algo más perverso?

Los derechos reales, los que nos asisten como sujetos humanos, no derivan de los documentos que reconocen nuestra existencia, sino que son anulados por ellos. Mediante ellos aceptamos (para nosotros y para nuestra descendencia) una falsa identidad que nos somete al derecho mercantil (“persona muerta”) y no al natural, aceptamos pertenecer a una corporación (el Estado-Nación) con la que entramos en contrato, aceptamos el fideicomiso de ser juzgados por decretos fraudulentos, de ser encarcelados o expoliados bajo la ley marcial, … Aceptamos, en definitiva, ser “cosas”, y no “personas”.

Todo con nuestro consentimiento formal, al no haber reclamado ser entidades naturales, en vez de propiedades.

Esta información debería ser difundida por todos los medios posibles, porque en ella se cifra la verdadera revolución que el momento presente demanda.

(Nota del “blogger”: Este artículo recoge y amplía la información divulgada por RAÚL en un revelador comentario en el Blog DESPERTARES. Vaya desde aquí mi máximo reconocimiento tanto hacia él como hacia el autor de dicha página).

http://astillasderealidad.blogspot.com.es/2014/03/lo-que-nunca-te-han-explicado-sobre-el.html

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